Café Sperl: elegancia atemporal desde 1880
El Café Sperl abrió sus puertas en 1880, fundado por Jacob Ronacher con el nombre de Café Ronacher, y enseguida se convirtió en lugar habitual de la élite artística e intelectual vienesa. Fue rebautizado como Café Sperl en diciembre de 1880, cuando la familia Sperl adquirió el establecimiento. Su ubicación estratégica junto al Naschmarkt y varios teatros importantes atrajo a pintores, escritores, compositores y actores, muchos de los cuales dejaron su huella en la vida cultural vienesa. Con el tiempo, acogió a habituales como Lewinsky y Girardi, además de un elenco rotativo de militares, aristócratas y académicos.
Lo que distinguía al Sperl entonces, y lo sigue distinguiendo, es su autenticidad. El mobiliario Thonet original, los suelos de parqué y las lámparas de araña de cristal se conservan prácticamente intactos. Esto es raro incluso en Viena, una ciudad orgullosa de sus tradiciones. Mientras muchos cafés históricos han pasado por discretas reformas, el Sperl parece haber resistido conscientemente la modernización, preservando su atmósfera como un museo vivo de la vida cafetera vienesa.

Su relevancia reside también en cómo refleja el papel de los cafés en el tejido social vienés. A finales del siglo XIX y principios del XX, locales como el Sperl funcionaban como salones intelectuales, segundos salones de estar e incubadoras creativas. Se proporcionaban periódicos, se fomentaba el debate y los límites de tiempo no existían. Esta institución cultural era tan central para la identidad vienesa que la UNESCO reconoció oficialmente la cultura de los cafés vieneses como Patrimonio Cultural Inmaterial en 2011.
Más recientemente, el Café Sperl ha aparecido en varias películas, entre ellas Before Sunrise y A Dangerous Method, lo que le confiere una familiaridad cinematográfica que añade un punto de misterio discreto.
Hoy sigue manteniendo un delicado equilibrio entre ser un destino para viajeros y una rutina fija para los vieneses. Ya sea para un café tranquilo, para refugiarse del frío con un plato de sopa o para disfrutar de un trozo de tarta, el Sperl transmite algo difícil de encontrar: un sentido de lugar profundamente vienés, deliciosamente pausado y completamente atemporal.












































































































